Un deporte manchado

February 2, 2017

La final del Open de Australia entre Roger Federer y Rafa Nadal –una oda a la combatividad y la caballerosidad- celebrada semanas atrás devolvió lustre a un deporte, el tenis, manchado últimamente por una tinta oscura y putrefacta vertida a borbotones por el hampa y sus acólitos del mundo de la raqueta. Recientes titulares a cuatro columnas revelaron más corrupción en un deporte deshonrado por una red de jugadores e intermediarios afanados en amañar partidos, sets y juegos con el objeto de lucrarse apostando online.

Casas como Bet365 o Betway sufren con creces las consecuencias, pero la herida más grande es abierta, ciertamente, en la imagen del propio deporte y en los jóvenes que, cegados por el color del dinero o intimidados por las técnicas mafiosas, participan de este ilegal y amoral engaño.

Una práctica extendida y descubierta hace más de un año por la BBC y BuzzFeed News y que en el pasado mes de diciembre encontró en España una prueba más de cuán impregnada está. La Guardia Civil arrestó a 34 personas acusadas de pertenecer a una organización criminal que convencía y extorsionaba a jugadores para que estos influyesen en el resultado de un determinado partido, set o juego. Ardid ideado con el objeto de obtener pingües beneficios con las apuestas en línea; cerca de un millón de euros, según las estimaciones de la Guardia Civil. Seis de los detenidos eran tenistas de categoría senior y amateur.

Técnicas mafiosas

El modus operandi era siempre prácticamente el mismo. Un jugador semi-profesional estrechaba vínculos con otros jugadores a los que ofrecía una jugosa cantidad por arreglar un partido o dejarse perder un set. Algunas veces el intermediario engañaba al jugador y dejaba sin pagar la cifra acordada aduciendo que las apuestas no se procesaron correctamente.

La alarma saltó después de que la Tennis Integrity Unit (Unidad para Ia Integridad en el Tenis) recibiese el soplo de un intento de amaño antes de un torneo. Una pista que ayudó a tirar del hilo y a que la Guardia Civil descubriese que la organización había mancillado el discurrir de 17 torneos celebrados entre España y Portugal. Los jugadores envueltos en los tejemanejes se movían entre los puestos 800 y 1.400 de la clasificación ATP.

El mayor escándalo

Sin embargo, algo más de un año atrás un escándalo aún más grande apareció en los tabloides de medio mundo fruto de una investigación de la BBC y BuzzFed News. Esta desveló el funcionamiento de una red de apuestas ilegales y amaño de partidos que había logrado esparcir sus tentáculos al más alto nivel: ganadores del Grand Slam, 16 jugadores del Top 50 durante la última década y hasta tres partidos de Wimbledon, entre otros.

La investigación de la TIU (Tennis Integrity Unit) halló también que la banda criminal tenía conexiones en Rusia, el norte de Italia y Sicilia y que los gánsteres se citaban con los tenistas en hoteles donde podían llegar a ofrecerles hasta 50.000 dólares por perder un partido. Pesquisas conducidas por el “Caso Davydenko”, el verdadero germen de todas las investigaciones.

 

Nicolai Davydenko, quien llegó a ser número 4 del mundo, perdió un partido con el argentino Martín-Vasallo Argüello (Número 87 por aquel entonces) tras retirarse en el tercer set merced a una hipotética lesión. Entonces, el bote ascendió hasta los cinco millones de euros. Unas diez veces más de lo habitual.

Las sospechas que este partido levantó cambiaron la mentalidad de las altas instancias del tenis. De este modo, la ATP y otras organizaciones se decidieron a crear la TIU. Una unidad en constante alerta y que sancionó recientemente al ex jugador australiano Nick Lindahl con 7 años de suspensión y una multa de 35.000 dólares por amaño de partidos.

La última oveja negra de un rebaño del que saltaron en 2015 unas setenta sospechas de arreglo de partidos, según la ESSA (European Sports Security Association), tres veces más que las correspondientes al resto de deportes juntos. Realmente, unas estadísticas que demuestran lo infectado que está un deporte que, aun así, ha dejado y dejará instantes brillantes.